El pibe al que no invitamos a la orgia
by David Harris Ebenbach
Translated into Argentinian Spanish by Pablo Ambrogi, María Bernardello, Jennifer Croft, Rodrigo Imas, Rodrigo Marchan, Alejandra Rivero, and Santiago Llach
[Iowa Review, Fall 2010 — Read the original text in English]
Invitamos a todos los demás: a Jennifer porque está loca, a Pablo y a Rodrigo porque están buenos, y total son pareja, y la invitamos a Ale porque a todos nos copa Ale, y a Raya porque ella trae la fafafa y las pastis, y a Llach y a Marchant y a María porque la re mueven. Invitamos a Charly, a Guada, a Marce y a Mica –todos buena gente. A último momento, le dijimos al flaco que nos cruzamos en el chino esa noche porque era… guau. Le dijimos a nuestro profe de Filo –sabíamos que se prendía seguro– y encima Jennifer ya se lo estaba garchando. Hasta le dijimos a Miranda, sólo porque es una celosa de mierda. Y también le dijimos a la hermana porque justo estaba en Buenos Aires. Pero al pibe este no lo invitamos.
Obviamente, después se la careteamos mal. “No sé qué pasó, poray estabas en el baño cuando le dijimos al resto”. “No te llegó la invitación.” “No sabés qué difícil es organizar una orgía. Parece fácil pero es un dolor de huevos.” Todo verso. Había un montón de gente que queríamos que esté, pero no este pibe.
No es que se fuera a horrorizar. El pibe no es ningún santo. Tiene sus muertos en el placard, conoce todas las historias de Raya, y Zeta no tiene filtro y a este tipo le chupa un huevo. Además, dejate de joder, invitamos a Inés, que obvio que se iba a poner a rezar el Ave María, y cuando las cosas se empezaban a poner interesantes eso fue precisamente lo que hizo, y encima Llach tiene esta costumbre de mierda de hacer rankings de todo –se pasó toda la noche poniéndoles puntaje a las técnicas sexuales de cada uno--, y no nos jodía para nada, ni tampoco Lisa que es toda fifí ni Javo y su puta homofobia.
A todo esto, el pibe al que no invitamos es bastante bueno en la cama –no tanto como para hacerte sentir un loser, pero lo suficiente como para pasarla bien cogiendo con él. Eso es lo que dijo Jenny, y también Láctea, y un par más. Seguro que es menos torpe que Rodrigo. ¡Rodrigo, por Dios! Este pibe, el pibe al que no invitamos, se toma su tiempo, se pone creativo, es un jugador de toda la cancha. Y tampoco se zarpa, aunque tampoco rechazamos a los sexópatas –Cony, por ejemplo–. Ni ahí. El punto es que coge muy bien y no es un enfermito.
Lo otro raro es que está bastante bien, este pibe al que no invitamos, aunque igual la orgía no tenía nada que ver con la belleza convencional. Perla, ponele, pesa veinte kilos más de lo que quisiera, y Sergio tiene ese corte de pelo horrible de siempre –y le sale carísimo! – y al tipo del chino le falta el brazo izquierdo y un par de dedos del pie. Y tampoco nos importó.
Y no estábamos tan estrictos en torno de la interior belleza tampoco (chiste). La mayor parte de los participantes de la orgía éramos gente cool, pero Miranda es una mal llevada, y Tomi es un drogadicto del orto, y Coria patea a linyeras sin culpa abajo de la autopista.
Si te ponés a pensar, el profe de filo es tan basura que se curte a sus alumnas sólo para sentirse menos mierda de lo que es. Estaba todo bien con que viniera toda esa gente, por más jodidos que fueran; en cambio el pibe al que no invitamos es un buen tipo. No taan bueno como para hacerte sentir una bossta, pero lo suficientemente bueno como para prestarte cien mangos si los necesitás, bancarte una birra en una fiesta y poner la oreja si tenés un problema. Cuando pasó lo del hermano de Abril, el pibe se re portó. Y a la semana, porque ella quería, garcharon, pero con ternura, y ella dijo que fue la noche más hermosa de su vida. Y ella nunca habla así eh. Así dijo, posta: que fue la noche más hermosa de su vida.
Entonces. “¿Por qué no me invitaron?”, pregunta el pibe. “¿Qué onda?”. Se muere por saber.
Se la seguimos careteando. “Pensamos que estabas engripado” y “Tomi dijo que él te avisaba” y “¡¿Cómo?! ¡¿Vos no estabas, boludo?!”. Todo verso, y él no compra. Y la verdad que no hay ningún motivo específico. Eso debe ser lo que más le molesta, que nadie le cante la justa de por qué no fue invitado cuando todos los demás sí, y más si tenés en cuenta que es uno de nuestros mejores amigos.
La cosa es que, cuando estás armando una orgía, te da esta sensación de que mejor no invitar a toooodo el mundo –que, si lo hacés, de alguna manera las cosas van a cambiar. La verdad que no queríamos que las cosas cambien. Entonces alguien tiene que quedar afuera, alguien tiene que ser la persona que no es invitada. Y este chongo, este chabón al que todos queremos y respetamos, y con el que muchas estamos calientes, este pibe no podía estar ahí, ni en pedo, ni a palos.





